Algunas ideas que se me ocurrio escribir y que, inocentemente, me deje convencer que se dejaban leer, ahora, no se si se dejan leer, pero entretiene escribirlas, a su propio riesgo, padezcanme.

sábado, 16 de agosto de 2008

Cambalache.


Perdí la cuenta de las veces que me he sentado con la firme decisión de volver a escribir, de alguna manera lo he hecho hasta ahora con, desde mi punto de vista por supuesto, una cierta calidad, razón por la cual las paparruchadas que se me han ocurrido, de manera sistemática, fueron acumulándose en la papelera de reciclaje, lo cierto es que si de alguna manera las condiciones de vida de una persona, en este caso yo mismo, cambian, el cerebro se dedica a buscar una solución y poco se puede hacer para que le de cierto espacio a la creatividad abstracta, si bien ando algo complicado, me gustan los eufemismos, desde lo profesional, va siendo hora que me dedique al resto de las cosas que implican el vivir, convengamos que vivir es un cúmulo de cosas en lo que lo laboral es apenas una parte.

La letra de uno de los tangos mas conocidos y mas vigentes que se han escrito enmarcan muchas de las situaciones que como ciudadanos del mundo habremos de vivir, un vistazo a nuestro alrededor nos mostrara una mezcla de realidades que bien podrían ser una representación desde el grotesco, mas que un día mas en, por ejemplo, una ciudad. Malabaristas en un semáforo, limpiavidrios en el siguiente, ejecutivos en todos dentro de lujosos automóviles, hastiados taxistas asintiendo mecánicamente a la afirmaciones de un ama de casa apurada por los vencimientos pendientes, risueñas damas de compras en un vehiculo similar, amontonados trabajadores de disímiles empleos aglutinados y homogeneizados en los colectivos, todos con cara de cansado y aire de victima; en las veredas, cientos de personas escupidos repentinamente por las bocas del subterráneo, cartoneros buscando sus sustento, mendigos en busca de monedas, turistas llenos de tecnología y ropa estrafalaria, si, un poco de todo como en botica, la Biblia y el calefón.

En ese contexto cualquier pequeño o gran displacer personal se diluye en el cuasi vivo torrente de sensaciones que rodean al individuo, así que si uno es capaz de dar un momentáneo paso al costado y salir de esa caudalosa corriente de sensaciones y sentimientos que corre las venas devenidas en calles de la ciudad, si se logra por un momento tomar conciencia de uno mismo, bien puede aferrarse a la esperanza y la fe en su propia capacidad, que a modo de salvavidas harán que la cabeza este encima de ese todo y uno pueda seguir respirando y nadando en el rumbo escogido y no en el que, sin ese salvador paso, nos llevaría la mas común y profunda de las corrientes que atraviesan las ciudades, al menos en nuestra América, el pesar.

Si ya se, se lo que parece, pero es un pensamiento optimista ciento por ciento, camuflado de lo contrario, ya dije que me han pasado cosas, no se si me han vuelto mas observador o mas sabio, se que de repente me siento un poco mas viejo, pero como sea, dejar caer los brazos va contra mi religión, así que acá estamos, “El Analista, el regreso”…