Algunas ideas que se me ocurrio escribir y que, inocentemente, me deje convencer que se dejaban leer, ahora, no se si se dejan leer, pero entretiene escribirlas, a su propio riesgo, padezcanme.

domingo, 15 de febrero de 2009

RELAX.


Dicen que los años no viene solos, en mi caso vinieron acompañados de una interesante presbicia, creo que algo de miopía y ciertamente una menor resistencia al estrés, así que un viejo amigo, solidarizado con mi estado de dolor de espalda y cabeza a causa de las contracturas, me invitó a vivir una nueva experiencia, nueva para mi en todo caso.

¿Era sauna o baño turco?, bueno, no lo recuerdo con certeza, pero la imagen que me aborda es la de un calido lugar, lleno de hermosas mujeres dispuestas a atender solicitas nuestros deseos, ansioso no veo la hora de terminar mi jornada laboral para acercarme a semejante lugar de relax.

Al final de la escalera entramos a un recibidor espartano, con claro olor a gimnasio, en una ventanilla, previo pago del uso de las instalaciones, nos entregan una serie de blancas prendas, a saber; un tohallón para secarse, supongo que después de un baño, una especie de taparrabo que, probablemente, rabos habrá de tapar muy bien pero no siendo eso lo que hubo de tapar, su desempeño dejo mucho que desear, un par de pequeños jabones, y una medallita numerada que correspondía al lugar donde habríamos de dejar nuestras pertenencias.

Primera escala, los baños turcos, en mis fantasías eran un lugar lleno de maderas con un ambiente saturado de un vapor vivificante, donde uno podía leer el periódico mientras sentía que el alma le volvía al cuerpo, la realidad sin embargo fue apenas diferente, al entrar no alcance a notar los detalles de la decoración, si sentí que me consumía por dentro al dar mi primera bocanada despreocupada en el ambiente, un vapor a una temperatura muy superior a la que el humano es capaz de resistir quitó todo rastro de tabaco o mucosidad de mis bronquios y creo que a los mismos bronquios. Me mentalice que debería apenas respirar, mientras sentía que me deshidrataba de manera exponencial mientras permanecía ahí adentro, poco antes del segundo minuto posterior a mi ingreso, salí, en poco decorosas cuatro patas, con mi pequeño taparrabo, por Dios, a tratar de conseguir algo de aire, patético.

Después de una ducha ligera, alrededor de 2 grados por encima del punto de congelación, me arrastraron,  no sabia donde estaba por el shock de la ducha helada sobre mi cuerpo en ebullición, a un gabinete con capacidad para unas seis personas, este si de madera, no había vapor visible, con aspecto muy acogedor. La reacción inicial en el sauna, ahora me enteraba de que se trataba, no fue muy diferente a la del baño de vapor, solo que el aire que ingresaba, de manera dolorosa en los pulmones, era seco en extremo, y pensar que pagué por esa tortura, pensamiento que se me hacia a cada momento mas dominante, entre los seres mitológicos que el nuevo y extremo cambio de temperatura me hacia ver a mi alrededor.

Abrí los ojos tendido boca abajo en una camilla, con alguien que me decía algo referente a un masaje. Bueno, al fin una interesante perspectiva, había oído de las pequeñas japonesas que caminan sobre la espalda en un agradable masaje. No era una dulce japonesa, era un señor de unos cincuenta años, gemelo sin duda del mítico King Kong, el doble de espalda y vello que yo, que no es poca cosa y unos brazos del tamaño de mis piernas; el señor en cuestión me sometió a un terapéutico masaje que, ciertamente,  jamás olvidare, no se cuanto duro el tratamiento, ni siquiera se como o quien me devolvió a la calle perfectamente vestido, solo se que he decidido convivir con mi estrés que solo me produce acidez y algún dolor de cabeza, que volver a someterme a un tratamiento semejante, definitivamente soy un hombre de costumbres sencillas.